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viernes, 14 de noviembre de 2014

Retratos de Man Ray en París

El surrealista y dadaísta estadounidense vivió en la Ciudad Luz de 1921 a 1940. Durante esos años de efervescencia artística realizó un extenso trabajo fotográfico. Desarrolló las técnicas de la rayografía y las solarizaciones, pero también se convirtió en experto retratista. 

Grandes como Luis Buñuel, Antonin Artaud, Salvador Dalí, Ezra Pund, Ernest Hemingway, Marcel Duchamp o Joan Miró, entre otros, pasaron por su cámara.

¿El resultado? Los retratos más formidables de estos personajes. Su cámara, literalmente, les robó el alma. 

"Fotografío lo que no deseo pintar, las cosas que tienen ya una existencia". 

André Breton, 1928

Antonin Artaud, 1926

Ezra Pound, 1923

Bronislava Nijinska, 1922

Benjamin Fondane, 1928

Jean Cocteau, 1925

Jean Cocteau, 1928

Lee Miller, 1929

Luis Buñuel, 1929

Pablo Picasso, 1921

Salvador Dalí, 1929

Marcel Duchamp, 1921

Madge Garland, 1927

William Seabrook & Lee Miller, 1930

Marcel Duchamp, 1917

Constantin Brancusi, 1921

Frédéric Mégret, 1927

Ernest Hemingway, 1923

Edward James, 1937

André Breton, 1924

Ady Fidelin, 1938

Bernard Deshoulieres, 1929

Genica Athanasiou, 1921

Georges Malkine, 1929

Helen Tamiris, 1930

Henry Crowder, 1930

Jacqueline Goddard, 1930

Denise Tual, 1935

Karin Van Leyden, 1929

Joan Miró, 1928

Jean-Michel Frank, 1917

Lilie Carlu, 1932

Nancy Cunard, 1925

Nusch Éluard, 1935

Nusch Éluard and Sonia Mossé, 1935

Marjorie Muir Worthington, 1930

Suzy Solidor, 1930

Philippe Soupault, 1923

martes, 21 de octubre de 2014

Misión al Espacio Interior

La fotografía es el arte que captura los fantasmas de la realidad; fantasmas porque la luz impresa en ellas es lo que esa materia fue hace unos instantes y luego años, siglos y finalmente ya no más, pero quedan. La concepción clásica del arte fotográfico es la exterioridad, siendo esa idea relativa, dado que el entorno es la suma virtualmente infinita de interioridades, es decir, de configuraciones atómicas en escalas diferentes.

Lo diverso de estas configuraciones es lo que otorga variedad a las formas observables. Bajo esta premisa el juego de escalas se revela fascinante. Estrellas, humanos, libros y boletos de autobús estamos hechos de los mismos materiales; la perspectiva solo depende del observador y el alcance que tienen sus sentidos. El espectro de luz que capta el ojo humano aún excluye la mayoría de colores existentes.

Los rayos X utilizados en las radiografías son ejemplo común y perfecto, y son los mismos rayos que nos permiten buscar galaxias lejanas que de otra manera serían invisibles al alcance de los sentidos. La fotografía también puede valerse de esta extensión de las habilidades sensoriales para fines de investigación o artísticos.

Las placas radiográficas no solo revelan la estructura ósea y sus problemas, sino que a través de la fotografía de las mismas se pone en evidencia un mundo de incertidumbre propio de los caprichos de la luz. Vistos de manera aislada los huesos parecen nebulosas, horizontes o llamaradas estelares, como una fotografía del universo primitivo dentro del propio cuerpo humano.

Las escalas y materiales se confunden, se agrupan por un instante y luego se dispersan para reconfigurarse en seres y objetos diferentes: es la esencia de la muerte, la transformación de la materia, presente como única constante que hace sospechar de la inmortalidad del universo. Fascinante paradoja que debería maravillar en vez de atormentar al ser humano.

Bajo este concepto, el fotógrafo peruano Franco Guerra ha desarrollado esta obra original y de vastas interpretaciones. En ella está implícita la lucha por la vida, el temor a la muerte y lo inevitable pero deslumbrante a la vez del principio de transformación de todo lo que existe.