lunes, 10 de noviembre de 2014

Bienvenidos, lectores

Estimados amigos y enemigos. Horizonte de Susesos nace como el proyecto personal de quien escribe, es literalmente “Todo lo que escribo: observaciones de un ser humano en Tierra” que soy yo, Renzo Rodríguez. Pero que pueden ser más, todos somos observadores fugaces de lo que acontece en esta asombrosa roca suspendida en el espacio. Las colaboraciones, críticas y sugerencias serán bienvenidas y apreciadas.

No, no está mal escrito, es un juego de palabras. En el horizonte de sucesos que acontecen diariamente solo algunas cosas interesan e impresionan, esas que se quedan en el Horizonte de Susesos, girando y atrapadas a la espera de la reflexión que las libere. La variedad de temas responde a la apertura total hacia todas las expresiones artísticas e intelectuales del presente y de la historia.

La periodicidad de las publicaciones dependerá de la vida misma, pero también hay que decir que se trata de un ejercicio de férrea voluntad. El proyecto que nació como un blog y continuará sus publicaciones paralelamente en su página de Facebook. Queda abierto el Horizonte de Susesos.


“La reflexión es el camino hacia la eternidad; la despreocupación es el camino hacia la muerte. Los que reflexionan nunca mueren; los despreocupados me recuerdan a la muerte”. 

Lev Tolstoi, Calendario de la Sabiduría

Dmitri Maximov

domingo, 9 de noviembre de 2014

Los diez mejores libros de todos los tiempos

Tolstoi, Nabokov, Flaubert, Twain, Shakespeare,
 Fitzgerald, Chéjov, Proust, Eliot.
Esta no es un sentencia, pero si un nuevo intento por ofrecer a lectores y escritores una guía de lecturas imprescindibles para la vida, porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás. En 2007, el editor J. Peder Zane realizó una encuesta entre los 125 escritores más importantes de la actualidad: Norman Mailer, Jonathan Franzen, Stephen King, Paul Auster, James Salter, Bret Easton Ellis, Claire Messud, Michael Chabon, entre otros. La muestra constó de 544 libros a los que cada escritor asignó un valor del uno al diez, siendo diez el valor más alto.

Definir cuáles son los mejores resulta en extremo subjetivo y odioso, pero se establecieron criterios razonables. Personal: el mejor según el juicio de cada uno; la historia: libros que fueron considerados los mejores a través de las generaciones; trascendencia: aquellos que resumen los aspectos fundamentales de la vida; y por último, el puro gusto personal. El libro concluye con una serie de listas literarias sobre géneros, temas, momentos y hasta gustos culposos. La lista principal satisface con sus inclusiones inesperadas y sus clásicos de siempre.

Caeremos en la cuenta de que no hay autores latinos, españoles, africanos o del Asia, pero no es una exclusión maliciosa. La encuesta se realizó entre los 125 escritores más importantes de la actualidad, dándose la situación de que la mayoría son de origen anglosajón, por lo que no sorprende la omisión de Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez o Juan Rulfo. Finalmente esta lista es una guía de lectura y el resultado, tomando en cuenta los criterios de selección, es tanto una sorpresa como un collage de las fotografías más importantes de la literatura universal. 

1. Anna Karenina – Lev Tolstoi

La obra cumbre del realismo, declarada en su tiempo como suprema obra de arte por Nabokov y Dostoievski. En sus páginas se contraponen todos los aspectos de la vida: la decadencia frente al florecimiento  del amor, las pasiones bajas y elevadas frente a los juicios de valor, y la fragilidad de la existencia que se desvanece en tales aconteceres y el devenir del tiempo.

2. Madame Bovary – Gustave Flaubert

No hay duda de que el realismo abrió una visión profundísima sobre las tribulaciones humanas. Flaubert, el escritor de la “frase perfecta”, el vértigo temporal y la construcción erudita, concibe esta novela como la esencia de la insatisfacción, la lujuria por la vida finalmente apagada por la desgracia. Recomendación personal: la inacabada pero magnífica Bouvard y Pecuchet.

3. Guerra y Paz – Lev Tolstoi

Más de mil páginas, más de ese arte maravilloso que es la literatura, más Tolstoi. Guerra y Paz es uno de esos libros que resumen la esencia e historia de la humanidad. Hay una magia sublime en sus descripciones, situaciones momento histórico, psicología de los personajes y el uso de lugares y de tiempos. Siendo trepidante como ninguna, solo pueden aburrirse con Tolstoi quienes no disfrutan de la lluvia o los intensos sabores de las frutas y la historia.

4. Lolita – Vladimir Navokov

La obsesión sexual de un hombre de mediana edad por una niña de doce años, premisa escandalosa para abordar temas más profundos: la moral, los rigores éticos,  sociales, la educación y la familia. En palabras de Mario Vargas Llosa “Humbert Humbert cuenta esta historia con las pausas, suspensos, falsas pistas, ironías y ambigüedades de un narrador consumado en el arte de reavivar a cada momento la curiosidad del lector. Su historia es escandalosa pero no pornográfica, ni siquiera erótica”.  Recomendación personal: Pálido Fuego, a opinión de quien escribe, superior a la citada.

5. Las aventuras de Huckleberry Finn – Mark Twain

La vida de muchos adolescentes y la literatura norteamericana no serían las mismas sin Mark Twain. La libertad es inherente al ser humano, sin embargo, Huck Finn y su amigo Jim, un esclavo perseguido, sortean situaciones extraordinarias para conseguirla. Es la historia de los Estados Unidos profundos, contada no a través de los soldados o actores políticos, sino de los cándidos y los oprimidos que solo quieren vivir en paz teniendo como única pertenencia sus zapatos.

6. Hamlet – William Shakespeare

“Porque nada hay bueno ni malo, sino en fuerza de nuestra fantasía”, todas las preocupaciones fundamentales del hombre se encuentran en la obra del dramaturgo inglés. Filosofía, política, psicología y religión, tantos temas abordados y a tal profundidad que es motivo de ensayos e investigaciones, lecturas y relecturas. Hamlet seguirá llenando los teatros y las mentes mientras la humanidad camine sobre la tierra.

7. El gran Gatsby – F. Scott Fitzgerald

La nostalgia puede destruir el mundo. Lo sabe bien Jay Gatsby, millonario excéntrico en los Estados Unidos de los años veinte. No es posible recrear el pasado idealizado, hacer un edificio de cenizas es una muerte lenta. Amor, poder, superficialidad, avaricia, dinero y la decadencia del sueño americano; Gatsby lo tiene todo y no tiene nada, reflejo de la enfermedad de la sociedad contemporánea.

8. En busca del tiempo perdido – Marcel Proust

Siete partes, tres de ellas póstumas; cumbre de la literatura francesa y universal. No hay mucho que agregar, los temas principales lo dicen todo por si mismos: el tiempo y su efecto en las personas, las relaciones humanas, guerra y política, el teatro, la música, la poesía, todo escrito con la habilidad narrativa de uno de los más sublimes descriptores de la literatura de todos los tiempos.

9. Cuentos – Anton Chéjov

El padre del cuento moderno. Sin entrar en discusiones o proponer adversarios, lo que Chéjov logró con sus narraciones fue otorgar primacía a los estados de ánimo y los simbolismos sobre el argumento. La vida real no está llena de historias increíbles, pero sí de emociones y símbolos magníficos y exóticos que  se suceden en la psiquis de sus protagonistas. Recomendados: todos.

10. Middlemarch – George Eliot

Mary Anne Evans usó este pseudónimo en una sociedad donde las mujeres no tenían las mejores oportunidades literarias. Se trata de un estudio de la vida en la provincia inglesa, con una narración pausada y bucólica que deja testimonio histórico y una ventana abierta al corazón de la gente del campo en el siglo XIX. Sus temas: el idealismo, la situación de la mujer, el matrimonio, la religión, la hipocresía y la libertad personal.

Diez es muy poco

En lo personal, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, debería estar ocupando cuanto menos el décimo lugar, como la cúspide de la literatura latinoamericana. Poemas Humanos de César Vallejo ya no podría considerarse una omisión, porque el poeta universal escapa a cualquier intento de clasificación, como los mitos escapan de la ciencia. Baudelaire, Hesse, Li po, Stendhal, Kafka, Lorca, Kawabata, T.S Eliot, Unamuno, Dostoievski, Faulkner, Cervantes y otros gigantes miran esta lista con satisfacción, porque todos los escritores son la síntesis del gran escritor.

A favor o en contra

Será grato leer sus comentarios y opiniones sobre los grandes omitidos o los que deberían quedar fuera. Si hubiese respuesta de los lectores, este blog presentará una nueva lista y reseñas con los libros escogidos por ustedes. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Teoría de la Evolución


Los próximos artículos intentarán una aproximación breve y concisa hacia la teoría de la evolución; cómo funciona, en qué se sustenta y porqué es necesario conocerla y comprenderla. La palabra fluye en boca de todos pero solo unos cuantos entendidos en ciencia e intelectuales saben en qué consiste y su importancia, que es vital para la comprensión y desarrollo de uno mismo y de la especie. Cambiemos eso, la evolución no es una teoría, es un hecho comprobado, tanto como las leyes físicas de la gravedad o la inercia; es el lenguaje de la vida, su historia y la historia del hombre.

La evolución ya era un concepto conocido antes de Darwin, lo que comprobó el naturalista inglés fue su mecanismo, la Selección Natural, tema de la siguiente publicación. Lo que abordaremos aquí serán los principios del desarrollo de la vida en la tierra a través de los principios generales de la evolución desde las palabras de la biología elemental. Muchas culturas antiguas ya tenían una idea de la evolución, pero debido a lo asombroso del mundo natural, no podían atribuir su complejidad sino a un diseño inteligente concebido por un creador.


En biología, la teoría de la evolución no responde al origen de la vida, pero si a cómo una vez surgida se diversificó en las increíbles formas actuales y fósiles conocidos, a la vez que ofrece una explicación sobre cómo las criaturas modernas continúan adaptándose y cambiando. La evolución puede ser definida como: cualquier cambio en las características hereditarias físicas o de comportamiento en una población a través de las generaciones.

Todos los seres vivos son capaces de reproducirse, de hacer copias de sí mismos, pasando su ADN a las generaciones futuras. El ADN es una cadena química almacenada dentro de todas las células, que contiene información codificada sobre cómo funcionar y crecer. Todas las cadenas, si bien tienen idéntica estructura principal, difieren entre sí dando origen a la diversidad de las especies y a la identidad propia de cada ser vivo, llámese ameba, mosquito orquídea o humano.


Las pequeñas mutaciones en el ADN determinan la identidad singular de los individuos y las más grandes la especie, género, familia…y así sucesivamente hasta el origen común de la vida, es decir, la forma primera. Estas mutaciones ocurren aleatoriamente al momento de la reproducción, ninguna copia es perfecta y la más mínima variación en la cadena de ADN produce un nuevo ser similar a su creador(es) pero con ligeras diferencias físicas o de comportamiento. Los cambios que favorezcan la adaptabilidad de la especie (supervivencia),  serán mantenidos en la cadena de ADN al igual que las mutaciones desfavorables tenderán a ser eliminadas.

Entonces, la evolución es: cualquier cambio en las características hereditarias físicas o de comportamiento en una población a través de las generaciones. Se trata de un concepto sencillo, comprensible por científicos y personas comunes; más aún, fácilmente observable cada día en la naturaleza y las propias familias humanas. La evolución trabaja lentamente, resultando en que los pequeños cambios sumados a través de las generaciones crean dramáticos cambios en las especies.


Tomemos como ejemplo a los perros. Todos descienden de un grupo ancestral de lobos grises, pero su evolución fue guiada de manera inteligente. El hombre escogía qué cachorros de lobos mantener a su lado en base a las funciones que necesitaba: compañeros, guardianes, cazadores y hasta adornos, originándose así una nueva especie con el tiempo. Es lo que se llama “Selección artificial”, lo mismo que se hace hoy con el ganado y la agricultura a través de la manipulación genética. Si bien diferentes, los perros mantienen ciertas características físicas y de comportamiento de sus ancestros comunes.

Una cantidad masiva de evidencia observable desde diferentes campos de estudio como la genética, química, paleontología y matemáticas sugieren que todos los organismos vivos comparten un ancestro en común. No sabemos cómo nació esta forma de vida original pero la ciencia sigue en su búsqueda. Lo que sabemos con certeza es que un simple proceso de reproducción con variaciones durante billones de años es responsable de toda la diversidad de la vida en la tierra. 


Sin embargo, la diferencia entre un helecho y un puma o entre una ardilla y un elefante es evidente, tanto como que se trata de una evolución que no es producto de la selección artificial; lo que lleva a preguntarse quién guió ese proceso. La respuesta final fue contestada independientemente por dos científicos en el siglo XIX, Charles Darwin y Alfred Russel Wallace ¿El mecanismo? La Selección Natural.

martes, 4 de noviembre de 2014

Pescar Merlín en Cabo Blanco

Pescar merlín en Cabo Blanco es el antiguo almizcle polar
prendido de la barba del campeón como un reloj pulverizado,
es la espada que sangra en la galaxia submarina el violento
temblor de sus volcanes, y la abducción extraterrestre
del cándido trofeo en la confusa arcada invisible de epitafio
victorioso en la dorada convulsión crepuscular desvanecida.

En el club las mestizas camareras sirven bourbon y ginebra
al lebrel mediterráneo y a otros galgos del azar suscritos
esas indias de bronce genuflexas relamidas en lenguas de
caricia genital, ahúman de óxido sus muslos fragorosos en el
ámbar de naufragios on the rocks resplandecidos, y los peces
ingrávidos féretros de niño duermen en su sueño de alamansa.

Los minutos relófagos sedientos arrojaron parásitos gigantes
a la izquierda de las horas, fue la joya gaviota devorada
de ultramar, laxa y digerida ruina de entrópica conquista
en capitulación de asedio; merlines, velas, espadas
sumergidas irredentas de temblores vengativos claman que 
pescar merlín en Cabo Blanco ya no es lo que era para nadie.

Ernest Hemingway en Cabo Blanco, Perú (1956)

sábado, 1 de noviembre de 2014

Director de Orquesta - Películas sobre compositores dirigidas por Ken Russell

La música es la banda sonora del mundo, de los reyes derrocados y los bosques silenciosos, del amor, la muerte. La alquimia del sonido es facultad de hombres selectos, el compositor es una hoguera, un glorioso fuego consumido por su propia magnitud, tragedia del prodigio y el exceso. En el cine, el exceso, en sus muchos nombres, es Ken Russell. Su marca: hacer de la transgresión una virtud, exponer la verdad que denuncia la locura, y escupirla en la pantalla. Cada sinfonía son destellos de una historia que espera en la penumbra el reflector, la cámara que anime la tragedia de una vida prodigiosa.

La relación de Russell con la música fue larga y duradera. Se remonta a sus primeros años como director de cortos televisivos para la BBC de Londres. Entre 1959 y 1970 dirigió  una serie de documentales de arte sobre las luminarias de los siglos XIX y XX para los programas Monitor y Omnibus. Si bien contó grandes historias como la de Isidora Duncan o el pintor Dante Rosetti, su fascinación por los compositores y su obra se vio plasmada en un trabajo a la altura de sus personajes. La vida de Edward Elgar, el llamado Strauss inglés, fue el drama biográfico que lo estableció como un talento mayor en la escena cinematográfica mundial.

El corto llamado solo Elgar (1962) no sorprende por su extravagancia (rasgo de casi toda su obra posterior), sino por una estética visual y ritmo que marchan al compás y como las melodías del autor, marcadas de cándida nostalgia, pompa y desengaño. La narración, en tercera persona, cuenta la historia del compositor, que, de pronto, pasa a segundo plano cuando notamos que el protagonista no es él, sino su música. Y ella es la voz del mismo Elgar, su sentir humano, religioso, político y social durante cada etapa de su vida. Además de la técnica original, la exquisita fotografía revela la belleza del paisaje inglés que marcó cada obra del maestro.

Seguirían nuevos cortos sobre Bartok y Prokofiev. Luego, The Debussy Film (1965), quizá el más innovador y extraño de sus filmes tempranos. Con el francés empezaba la fascinación por los personajes trastornados. Oliver Reed encarna a Claude Debussy, compositor no reconocido, luego excelso, pero siempre holgazán y vividor. Transformar la música en imagen, interpretar y traducir. La misma técnica, ahora, con un matiz personal: la transgresión, la sugerencia mordaz. Amarrada a un poste, una mujer desnuda recibe las flechas de su ejecución, suena El Martirio de San Sebastián, comienza la cinta, y advierte que no se tratará de algo normal. Una película dentro de otra. Mágicamente, los actores empiezan a asumir la identidad de los personajes que representan. Dentro del set Debussy está vivo, los actores posesos de su historia.


En 1968, dirige Song of Summer, filme que aborda los últimos cinco años del compositor alemán Frederick Delius y su entonces amanuense, Eric Fenby, también músico. Estamos ante una película más formal, pero no por eso menos bella, un clásico instantáneo del documental dramatizado. La paradoja del artista vuelve por partida doble: Delius, genio consumido por una vida sórdida y cruel; Fenby, un talento atormentado en busca de un mentor. Esta vez, el desengaño y la muerte de filmes anteriores se oponen a una dura historia de esperanza y redención. La magia está en los personajes, en cómo un joven católico conservador, y un anciano lisiado y pesimista, se hermanan en el lenguaje superior de la música para crear la sinfonía final de una mente brillante.

El último documental de Russell para la televisión inglesa liberaría por fin una visión que había estado en la sombra demasiado tiempo. Dance of the Seven Veils (1970), sobre el alemán Richard Strauss, marca un punto sin retorno en la filmografía del director. Atrás quedaron las bucólicas ensoñaciones de Elgar y la sobria elegancia de Song of Summer. La sátira se apodera de cada fotograma, la carrera del compositor, de quien se dice (sin pruebas concretas) fue muy cercano a los nazis es ridiculizada sin piedad. Podemos deducir que el director no profesaba gran admiración por la filosofía del superhombre (rasgo de muchos antagonistas en su obra posterior), menos aún por los compositores de influencias wagnerianas que fueron la banda sonora del ascenso y caída del Tercer Reich. [Sp1] Justo o no, el mundo aún sentía el eco del holocausto.


Aunque en los créditos se anuncia como un “cómic de ficción”, no por eso la cinta dejó de causar revuelo. La secuencia de apertura lo dice todo: el Zaratustra de Nietzsche con el fondo musical del Zaratustra de Strauss, siendo poseído por una horda de monjas lujuriosas. Escenas después, el compositor se va de picnic con Hitler (se mandan besos volados), y termina dando un concierto en el que un judío es asesinado mientras él dirige una suerte de himno catártico nazi. El filme fue prohibido en varios países por los familiares de Strauss que reclamaron los derechos sobre sus composiciones. El veto continúa, la banda sonora con la que se emite hoy en día son versiones pop de las sinfonías de Johann Strauss, hijo.

El escándalo que desató Dance of the Seven Veils, marcó el fin del trabajo de Russell con la BBC y un alejamiento momentáneo de la televisión para volcarse al cine. Regresaría con otro maestro de la música: Piort Tchaikovsky. The Music Lovers (1970) demostró que de la locura a la belleza hay solo un paso, que la versatilidad y la sorpresa constituyen un estilo. La vida del autor del Cascanueces llegó como un drama épico que parecía salir de las páginas de una novela rusa. Sin embargo, ninguna película de Russell será tradicional. Alucinaciones y derrapes psicológicos ilustran la desventura de otro artista perturbado.

Como en las melodías de Tchaikovsky, las tomas se funden en imágenes hermosas y grotescas como violentas notas graves o delicadas armonías. En el documental quedó la biografía autorizada, los hechos reales son pocos esta vez y quienes no encuentren la vida del músico demasiado especial, hallarán en esta ficción un personaje fascinante. Las notables actuaciones de Richard Chamberlain en el papel principal y Glenda Jackson, su esposa, completan el magnífico trabajo en dirección, fotografía, vestuario y guión que hacen de este un filme de calidad superlativa, entre los mejores jamás hechos sobre un compositor.


Ese mismo año se estrena The Boyfriend, su primer musical de género, una adaptación de la obra homónima de Sandy Wilson que triunfó en los teatros de Londres y Broadway en 1955. Se trata de un tributo a las comedias musicales de los años treinta. Hilarante y encantadora es la definición de esta película, que pese a su largo aliento, no deja de asombrar por su excelente dirección de arte, reparto y sus cándidas pero bellísimas canciones. Se ha acusado al director de un abuso de espectacularidad en su obra, pero si el exceso encuentra lugar es aquí. Los colores deslumbrantes, al igual que las tomas y el montaje se unen para vestir un musical que no podría ser de otra manera. Una joya perdida, a veces subvalorada, a la que urge salvar del olvido.

Mahler sonaría en el cine cuatro años después. Otro alemán excepcional es tema de la última película de Russell en la que aún veremos un esquema ligado a la cordura. Parcialmente histórica, psicológica y onírica, es  ejemplo de cómo un drama puede conjugar sátira y tragedia sin perder el equilibrio. Mahler, es el compositor en el diván a través de sus relaciones íntimas y sociales que dan forma a su música y destino. Largas tomas que abundan en detalles reflejan que la inspiración del maestro viene de lo natural, de la belleza del amor y de la muerte.

En el proceso creativo, en la contemplación del paisaje o de sus hijas, es donde el autor encuentra paz, el sosiego de abstraerse del mundo real. En los sueños viene la tormenta, el precio de la fama ha sido la traición a su religión, a sí mismo y a su matrimonio. Contra él ningún castigo será suficiente y Russell tiene mil maneras de mostrarlo, cada una más divertida y terrible que la anterior. Mahler vive con el enemigo, se ha forzado a amarlo para alcanzar el éxito y darse cuenta que en el camino lo ha perdido todo. Un compositor judío en amores con la viuda antisemita de Wagner, una cruel ironía de la vida real con la que el director hace lo que sabe hacer: surrealismo de primer nivel, profundo, entretenido y doloroso.


Cuándo se estrenó Tommy (1975) el pop había alcanzado niveles máximos de penetración en todos los ámbitos sociales, culturales y por supuesto en la música. En 1969 la banda británica The Who había lanzado la primera ópera rock: Tommy, un controvertido álbum que exponía la frivolidad de las relaciones humanas en la nueva religión mundial del consumismo. La historia estaba escrita, solo había un director capaz de traducir con fidelidad su concepto en imágenes. La película no levantó menos polémica que el álbum. Salvaje y retorcida, la belleza de Tommy está en la sinceridad de su locura, en la exageración de las vergüenzas que revela sin piedad. Si bien el argumento es fiel al disco de la banda, la cinta es Ken Russell en su máxima expresión: un viaje de magníficos excesos.

Oliver Reed y Roger Daltrey (vocalista de The Who), actores recurrentes del director se encuentran para brindar dos interpretaciones brillantes. Se suman Jack Nicholson (al que oiremos cantar) y Ann-Margret, nominada al Oscar ese año como mejor actriz. Eric Clapton, Elton John, Tina Turner y los miembros de The Who completan un reparto que no tiene pierde.  La cinta aborda el eterno conflicto de la libertad y su falsa realización a través del placer. La superficialidad de todo cuanto existe en la cultura pop ha anulado a Tommy (Daltrey) en todos los sentidos, que al refugiarse en si mismo descubre que la libertad es una condición y no un objetivo que se logra con dinero. Toda su experiencia se narra en imágenes cándidas, a veces dulces y grotescas, mientras él, frágil, asimila impávido la decadencia. No hay nada que ocultar, Russell no matiza el desamparo y la violencia emocional, aun así entretiene, nos divierte cuando deberíamos sufrir las desdichas de los personajes, parece decir que todo es una broma, quizá como la vida misma.


Ese mismo año dirige Liztomania, sobre la aparición del pop en el siglo XIX. Daltrey encarna a Franz Liszt, virtuoso compositor con fama de Don Juan, víctima de un ego acorde a su leyenda. La Lisztomania fue acuñada por el filósofo alemán Heinrich Heine para referirse a la euforia que causaban los conciertos del pianista en la Europa de 1840. Para demostrar que hemos cambiado muy poco el director convierte la música clásica en rock y a Liszt en una estrella mundial. El concepto es similar al de Tommy. No hemos mejorado como sociedad, la tragedia solo se ha movido de escenario. Nuestro Villano es Wagner, un vampiro (literal y alegórico), que persigue el ideal del superhombre. A través de Liszt, Russell se burla de la grandilocuencia de la música del alemán. Sin embargo, al subestimarlo la malentendida filosofía de Nietszche da origen al fascismo con Wagner a la cabeza, ahora reencarnado como El Führer. Un filme original que destaca por su extravagante crítica social y bizarro entretenimiento. 

El último proyecto musical de Ken Russell fue Aria (1987). Robert Altman, Jean-LucGodard, Bruce Beresford, entre otros, fueron invitados para adaptar un aria de ópera de su elección con total libertad de estilo. Destacan los trabajos de dichos directores y por supuesto el Nessun Dorma de Puccini, que Russell recrea maravillosamente en la lucha de una mujer por sobrevivir al  quirófano tras perder la consciencia en un accidente de auto. El corto lírico es una sucesión de metáforas visuales durante la anestesia de la operación que trata de salvar a la muchacha, para quien dormir significa la muerte. Las diez arias de la cinta entregan emociones diferentes, unidas por la intensidad de la ópera en toda su dimensión dramática y fatal. La última película no siempre es el final, la pasión de Russell por la música vivirá cada vez que la imagen se convierta en sinfonía.

jueves, 30 de octubre de 2014

Concierto para búnker en Kiev

Dejaste sed de ser y tu corazón de siervo asesinado
cornamenta giratoria que metiste en mi garganta
esa tarde en que me ahogaba como un pájaro fantasma
en la cóncava piscina lacrimosa de tus manos
cuando mi dolor era la luna en un vaso ensangrentado
y el tuyo el carnívoro placer de la sedienta mano amarga.

Desde esa, cada noche, las polillas se lanzaron en
tirabuzón desde los focos para degradarse con el barro,
no hubo pensamiento que no se acuchillara en el armario
sin morir ni ser herido de ese ya no estar aquí
que dejaste en los recibos de luz, agua, y tu correo
que aún llega en las mañanas como una granada
de fragmentación en mi café con leche terminal.

Seguirás inundando en diferido este patio de silencio
con kilómetros de baldes derramando clavos que no suenan
sumando cero más cero más cero más cero en una libreta
con mi nombre -1 en los búnkeres cerrados de Kiev
donde nunca has puesto un pie, pero yo permaneceré
en el escorpión tatuado en la espalda de los muertos
y en tu cadáver pretérito cuando rompas tú silencio
estrellándote contra los arrecifes de coral.

Zdzislaw Beksinski

miércoles, 29 de octubre de 2014

Teoría del Rizoma y Modelo Arbóreo del conocimiento

“Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo” 
                                                                                              Albert Einstein

La siguiente es una aproximación hacia los modelos actuales de la teoría del conocimiento, formas de la epistemología no para el filósofo, sino para el mortal que busca variadas luces en su continuo mejoramiento como ser humano que desarrolla diversas actividades significativas. No existe una estructura funcional definida para adquirir, crear o transmitir conocimientos; sin embargo, encontramos un arquetipo donde prevalecen jerarquías, que ha sido interiorizado pero pocas veces cuestionado.

La teoría clásica supone un origen común del conocimiento en relación al tiempo histórico, en la primera analogía botánica que ilustra ese sistema se encuentra el modelo arbóreo. La explicación cae por cuenta del nombre: una línea de tiempo continua en la que el conocimiento se acumula,  divide y subdivide en orden jerárquico como partiendo de la raíz de un árbol hacia sus ramas y la multiplicación de estas en sucesiones interdependientes. Cada derivación pertenece a una base de origen común pero es autosuficiente respecto de las otras.

El Árbol de la Vida,  Gustav Klimt 
En oposición a este modelo, de pensamiento binario, lineal y homogéneo surge la teoría del Rizoma, propuesta por el filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari en Capitalismo y Esquizofrenia, 1972.  Si la teoría clásica llevaba intrínseca la lógica de la reproducción, el rizoma se basa en la participación de las partes, con una estructura similar al funcionamiento del cerebro, en que todas las áreas tienen funciones específicas pero que a la vez se conectan y modifican entre sí.

Como filósofo estructuralista pero también teórico de la ciencia y el arte, Deleuze,  buscó una teoría del conocimiento que lograse explicar la interrelación de las diferentes actividades de la intelectualidad humana en todas sus dimensiones como especie social. Guattari, desde la psicología, pretendía demostrar que la psique es la suma de componentes heterogéneos y en constante relación de cambio. Por supuesto, la idea de ambos supone la modificación de la estructura clásica del pensamiento humano.

Cimicifuga Racemosa
El rizoma es un modelo epistemológico que responde a otra analogía botánica. Se trata un sistema de reproducción vegetativo en el que un tallo subterráneo crece en dirección horizontal produciendo raíces y nuevos brotes a partir de sus nudos (el jengibre, por ejemplo). Esta asociación supone la ruptura del sistema jerárquico, donde el tiempo y el espacio no limitan a las partes, pues los elementos no están subordinados y cualquiera puede incidir cualquier en otro. De esta manera la estructura del conocimiento no tiene principio ni final, sino que se desborda en un sistema de conexiones múltiples y heterogéneas que cambian constantemente su naturaleza. 

Acercamiento gráfico a la teoría del rizoma
El modelo arbóreo quizá resulte ideal para fines didácticos en las etapas tempranas del aprendizaje, pero no como sistema de pensamiento avanzado, pues se ve limitado por las asociaciones binarias. La teoría del rizoma favorece las asociaciones múltiples, en las que todos los nodos se encuentran enlazados por los principios de heterogeneidad, conexión, multiplicidad, que finalmente son las formas efectivas de aprehender y generar conocimiento. Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, como el cerebro humano en medio del mundo, de todas las cosas.
Retrato del Papa Inocencia X por Diego Velázquez en 1650 / Replicado en 1949 por Francis Bacon
Bacon nunca vio la pintura original, realizó más de 40 interpretaciones sobre la misma, solo en base a su imaginación, testimonios y fotografías. Una aproximación artística al rizoma.