jueves, 23 de octubre de 2014

Nada se mueve

No las vimos colapsar hasta que
unas bandadas de libros
huyeron arrobadas y benditas
el derrumbe de las altas torres
que sostienen las estrellas
deshaciéndonos el rostro a presión de
farallones que de cólera se abisman.

Demasiado tarde y es la hora de
rompernos la cabeza con las manos
y mordernos las rodillas
furiosos como gallos oprimidos en
los puños de colosos derrotados.

Tormenta contenida en antebrazos
de martillos soldados a los codos,
música de sangre y hielo rotos a los
pies de inmortales niños devorados.

No hay muerte a dentelladas con justicia
no hay luz del sol entre las rocas
submarinas que no sean años luz
devueltos a los árboles que nacen
en las conchas del espacio primitivo.

En la última noche de las cosas
las auroras pierden memoria de los días
la muerte no disfruta de la prensa
que se ajusta sobre el cráneo vivo
sino en su deshacer lumínico de
escamas y de plumas.

Transformados en fértil criatura
nos arrancaremos las entrañas con la
garra de mil soles arrasados por la lluvia 
en los inmóviles jardines de los cuadros.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Avengers


Avengers fue la sorpresa más grande del cine comercial de la última década, un proyecto tan ambicioso que muchos pensaron estaría condenado al fracaso. No fue así. Con la última producción de Marvel las películas de superhéroes se consolidan como un nuevo género. Era necesario un cambio de concepto que no solo percibiera a las adaptaciones de cómics como historias para hacer dinero, sino como un arte que pudiera ser llevado al cine para ofrecer más que entretenimiento, calidad y dimensión artística.

Las grandes productoras de superhéroes, Marvel y DC, han comprendido al fin una idea elemental: recursos, un guión inteligente y una buena dirección se imponen a la fórmula tradicional del blockbuster musculoso y sin cerebro. Avengers reúne todas esas cualidades, además de otra primordial cuando se trata de adaptaciones literarias: fidelidad en los personajes, pasarlos del papel a la tercera dimensión sin deformarlos para hacer que la cinta encaje en los esquemas de ventas de asesores publicitarios. Y es que las películas sobre historietas no exigen demasiado al cine, todo está en las viñetas, desde el guión, argumento, hasta las tomas y escenas, solo se requiere la habilidad de un equipo capaz de trasladar ese universo a la pantalla grande sin destruirlo en el intento.

No se puede pensar en Avengers como un blockbuster más del montón como no se puede comparar al Señor de los Anillos con Transformers. Existe una diferencia fundamental de enfoque y objetivos, pensemos en Battleship (Batalla Naval) o John Carter, ambos estrenos comerciales de verano que debían arrasar taquilla y que sin embargo fueron rotundos fracasos. La diferencia está en la concepción, desde la selección del director, guionista, reparto y los detalles hasta el respeto por el proyecto que se tiene entre manos. El mejor cine no es el que sugiere al espectador comprar un producto sino apreciar una idea, esa es la diferencia fundamental entre un estreno taquillero de tantos y las películas dignas de admiración, que por sus cualidades capturan a todos los públicos y claro, se convierten en blockbusters millonarios.

Es la primera película en la historia que reúne a protagonistas y reparto de sagas individuales, una idea que por temeraria no era esperada con optimismo. Grande fue la sorpresa cuando se hizo evidente que había que rendirse ante lo que resultó una gran película, un clásico instantáneo que recuerda a los asistentes de todas las salas del mundo que para reír, emocionarse y amar el cine, no es necesario ser un erudito del cine independiente o un devorador de producciones millonarias. Por supuesto, tampoco se trata de canonizar una película, que por momentos peca de ingenua o que por exceso de comedia a veces merma el dramatismo restando intensidad, lejos de aquellos defectos Avengers funciona como un reloj.

El destino de Los Vengadores y el éxito de su misión recayó en Joss Whedon, director más conocido por su trabajo en televisión para series como Buffy the Vampire Slayer, Angel o Firefly, producciones quizá no muy brillantes, pero que en su momento regalaron un entretenimiento legítimo que suplía las deficiencias argumentales. En Serenity (2005) su experiencia en la pantalla chica se consolidó en un thriller de ciencia ficción emocional e inteligente, que a fuerza de efectivos ganchos de argumento y acción logra involucrar al espectador en la aventura. Una opera prima en la que Marvel encontró al director con la capacidad de dominar las fuerzas colosales de un proyecto sin precedentes.

Whedon es un maestro de los tiempos y el ritmo narrativo, conoce la dinámica de la acción, sabe que más allá de las tomas veloces una pelea no se resuelve en una edición de picadillo. No solo es la técnica en las escenas de acción milimétricamente elaboradas la que mantiene al espectador en su butaca durante más de dos horas sin siquiera notarlo, es el momento: el uso del ritmo y el tiempo que conecta épicas escenas de batalla con situaciones de intriga, tensión y humor. A esto se suma el fantástico guión gracias a Whedon y su co-guionista Zack Penn (The Incredible Hulk, X-Men II).

Es gracias a esos diálogos que el universo de los vengadores cobra vida y se hace creíble al transcurrir del metraje. Es como si ambos escritores hubieran leído y respirado historietas durante años y luego no pudieran hacer nada más que plasmar en el guión toda esa experiencia. De hecho, Whedon es un confeso coleccionista y lector de cómics que ya venía trabajando con Marvel en algunas películas animadas y guiones de videojuegos. En el argumento (tomado de las páginas de la primera saga de Avengers, con algunos ajustes de personajes), los diálogos constituyen la estructura que sostiene una historia más bien simple, que toma forma y adquiere una dimensión más profunda en las palabras de sus protagonistas y cómo se relacionan.

En lo estético Avengers es infalible, desde montaje y vestuario hasta los efectos especiales que evidencian equilibrio entre espectacularidad y mesura cuando se trata de impresionar; queremos ver escenas grandiosas, claro, pero sin sufrir epilepsia por confusión visual en el intento. Más importante aún, la edición: al fin podemos ver escenas donde los actores golpean, se cubren, contraatacan, etc. y apreciar sus movimientos, ver qué ocurre en las tomas y no solo imaginar que está sucediendo detrás de esas imágenes confusas, como suele pasar con las tomas de tres segundos a las que nos tienen acostumbrados las últimas películas de acción.

La fuerza de Los Vengadores está en sus personajes, en sus guerreros, pero también en sus enemigos, era necesario un antagonista calificado para superar a los héroes en un campo más allá de la fuerza. Loki, interpretado por Tom Hiddleston (Thor, Warhorse), regala una malignidad entrañable, el Dios timador de la mitología nórdica, hace del engaño un arte capaz de reducir con solo palabras a cinco superhombres y un ejército de agentes especiales. A pesar de su divinidad, Loki tiene una condición que lo humaniza, los delirios de grandeza, venganza, y su fracaso final hacen imposible odiarlo, su maldad es el reflejo de la caricatura que a veces somos todos los humanos.

Tal villano no podía dejar de tener justicieros a su altura. Los Vengadores son: Iron Man (Robert Downey Jr.), Capitán América (Chris Evans), Hulk (Mark Ruffalo), Thor (Chris Hemsworth), Black Widow (Scarlett Johansson) y Hawkeye (Jeremy Renner). Cada actuación superó a cualquiera vista en las sagas individuales de los personajes, y es que no se trata solo de la calidad interpretativa, el éxito de Avengers debe mucho a la psicología de los héroes del cómic original. Su creador, Stan lee, se llevó los primeros créditos de esta película hace más de 40 años.

La gran sorpresa fue el nuevo Hulk de Mark Ruffalo (Shutter Island, Zodiac),  el gigante verde al fin encontró alguien que cupiera en sus zapatos. Su furia destructiva es responsable de los momentos más intensos y graciosos de la cinta, la voz de Hulk corre por cuenta de Lou Ferrigno, quien interpretara al irascible sujeto radiactivo en la serie de los 80 y en todas adaptaciones posteriores de Hulk. La decepción: la escasa profundidad Hawkeye, que pese a la buena actuación de Renner, quedó como un añadido superficial, lo mismo pasó (en menor grado) con Black Widow, no disculpamos el desacierto, pero quizá más de tres horas habría sido demasiado.

Hay que destacar el trabajo de Chris Evans, que tras su lamentable actuación como la antorcha humana en los 4 Fantásticos I y II, se redime con un Capitán América que no decepciona, menos cándido, más sólido, con los rasgos del líder que debería ser, mejor que en su propia cinta, aunque puede dar mucho más. El Iron Man de Robert Downey Jr. supera las expectativas de una buena actuación para robarse la pantalla como el mejor de los Avengers, su carisma y humor no tienen pierde. Thor, alejado del matiz ingenuo de su primer filme, se presenta más curtido, Hemsworth da al Dios del trueno el peso y el carácter que le hacían falta. Black Widow y Hawkeye completan el equipo con actuaciones a la altura de sus pares.

Samuel L. Jackson, como Nick Fury, jefe de Shield (Organismo internacional de defensa) completa el reparto de estrellas de la cinta. Los Vengadores se ha posicionado como la película de superhéroes con más recaudación de todos los tiempos, superando a Batman: The Dark Knight Rises; ambas entre los mejores estrenos de la cartelera comercial del 2012. En resumen, estamos frente a una película infalible que podría dar inicio a una de las sagas más memorables del cine. Por lo pronto Avengers II ya es un hecho, su director ha prometido una secuela más dramática y oscura para el 2017. 

Iron Man vs Thor vs Captain America


The Avengers II: Age of Ultron - Trailer


Publicado en revista Godard!

martes, 21 de octubre de 2014

Misión al Espacio Interior

La fotografía es el arte que captura los fantasmas de la realidad; fantasmas porque la luz impresa en ellas es lo que esa materia fue hace unos instantes y luego años, siglos y finalmente ya no más, pero quedan. La concepción clásica del arte fotográfico es la exterioridad, siendo esa idea relativa, dado que el entorno es la suma virtualmente infinita de interioridades, es decir, de configuraciones atómicas en escalas diferentes.

Lo diverso de estas configuraciones es lo que otorga variedad a las formas observables. Bajo esta premisa el juego de escalas se revela fascinante. Estrellas, humanos, libros y boletos de autobús estamos hechos de los mismos materiales; la perspectiva solo depende del observador y el alcance que tienen sus sentidos. El espectro de luz que capta el ojo humano aún excluye la mayoría de colores existentes.

Los rayos X utilizados en las radiografías son ejemplo común y perfecto, y son los mismos rayos que nos permiten buscar galaxias lejanas que de otra manera serían invisibles al alcance de los sentidos. La fotografía también puede valerse de esta extensión de las habilidades sensoriales para fines de investigación o artísticos.

Las placas radiográficas no solo revelan la estructura ósea y sus problemas, sino que a través de la fotografía de las mismas se pone en evidencia un mundo de incertidumbre propio de los caprichos de la luz. Vistos de manera aislada los huesos parecen nebulosas, horizontes o llamaradas estelares, como una fotografía del universo primitivo dentro del propio cuerpo humano.

Las escalas y materiales se confunden, se agrupan por un instante y luego se dispersan para reconfigurarse en seres y objetos diferentes: es la esencia de la muerte, la transformación de la materia, presente como única constante que hace sospechar de la inmortalidad del universo. Fascinante paradoja que debería maravillar en vez de atormentar al ser humano.

Bajo este concepto, el fotógrafo peruano Franco Guerra ha desarrollado esta obra original y de vastas interpretaciones. En ella está implícita la lucha por la vida, el temor a la muerte y lo inevitable pero deslumbrante a la vez del principio de transformación de todo lo que existe.







lunes, 20 de octubre de 2014

El Ángel Esmeralda - Don Delillo


“Si aislamos el pensamiento perdido, el pensamiento pasajero, de origen indiscernible, entonces empezamos a comprender que estamos desquiciados por el sistema, que la locura es cotidiana”. Nueve son los cuentos completos de Don Delillo, nueve relatos de locura que parecen más reales que ir a comprar el pan por la mañana. La locura es cotidiana, también lo es la ficción que se superpone a la realidad y que el autor sabe atrapar como cazador de lo invisible.

Entre 1971 y 2011, Delillo ha publicado novelas capitales de la literatura estadounidense: Cosmópolis, Ruido de Fondo, Underworld, solo por mencionar algunas. Que el Ángel Esmeralda se inscriba en esta lista de imprescindibles de la narrativa americana. Momentos cotidianos imbuidos de terror, la certeza de una amenaza entre cada minuto del reloj. No es que no suceda todo el tiempo, pero en estos relatos es síntoma de algo mayor y siniestro, sin forma ni sentido.

Hay verdadero terror en sus cuentos, un dolor ancestral y primitivo que acecha entre los pliegues de la ropa, una lamparilla, un vaso de agua que se vuelca. Momentos humanos de la Tercera Guerra Mundial se halla entre los más notables, donde entre incendios cuánticos una sudadera de basquetbol logra imprimir un horror más allá de la muerte: el horror de la vida y la futilidad de sus momentos.

Personajes vivos pero fantasmales, delusiones que se funden con la realidad, la vida interior opuesta a la generalidad, y piadosos autoengaños componen los ejes de relatos en los que sus personajes construyen mundos propios a través de símbolos y conjeturas. Físicamente no sucede demasiado pero empiezan a erguirse frágiles e invisibles estructuras que son el mundo vivo de los personajes en la tierra que gira para nadie.

El orden cronológico de los relatos confirma la lucidez y vigencia del autor, la transformación de las sociedades y sin embargo el mismo terror, algo incrustado entre los dos hemisferios del cerebro humano. Hay que decirlo “nadie escribe mejor que Don Delillo” en palabras de Paul Auster, frase que se dirá y repetirá y que en los años por venir no perderá sentido.

Publicado en Buensalvaje

domingo, 19 de octubre de 2014

Transverberación en automóvil

No estoy, mirándome a velocidad de inercia contenida en el asfalto
A través del vidrio he sido lámpara de gas en madriguera,
Objeto de cuerda en el desierto, bocarriba, frenético alacrán de incubadora,
Es la velocidad que me transporta a las bodegas de los buques que
Arrojaron anclas en galaxias giratorias que se comen las cadenas.

Inmóvil sobre la aceleración de férvidos pistones que se queman,
Al tiempo soy león antiguo que domina promontorios de planetas
Ignorados por la tierra. Ubicuidad de estar aunque no quiera.

Intestinos recogidos con las manos temblorosas en la hierba,
Secuestrado en máquinas expendedoras que supuran luminosas
En pasillos de hospitales, en el ano de indigentes con gangrena
Que padecen escozores lacerantes bajo el mismo sol de playas
En que ejecutivos aceitados se rostizan para ver televisión en
Clubes donde prostitutas que los odian se lubrican en lavabos.

Surfeo asfáltico nocturno en mareas de neón ultravioleta,
Puedo, reconocerme a través de parabrisas impactados y
En castillos de naipes abortados en mesitas familiares;
Mientras, me escabullo entre bacterias come-carne sobre pianos,
En remotas estaciones donde se olvidaron lápices de labios
Masturbándome en enormes y vacíos almacenes desolados.

Vi partir trenes que por el camino se elevaron y se fueron como
Niños que no saben que se mueren; soy fantasma de otras cosas
Penitente en cuerpo humano; soy dios, porque quiero, y a veces
Entro desquiciado en los calzones de las monjas cuando rezan.

Dmitry Maximov

sábado, 18 de octubre de 2014

Las puertas de la percepción


-If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite- (Si las puertas de la percepción fueran abiertas, todo aparecería ante el hombre tal y como es, infinito) con esta frase de William Blake, Jim Morrison dio vida a The Doors una tarde de verano de 1965. El grupo, como todo lo bueno duró poco, pero lo suficiente para consagrarse como una de las bandas más místicas y poderosas de la historia del rock. En 1971, su líder y vocalista, Jim Morrison, cruzó las puertas de la percepción, pero su voz quedó del otro lado del umbral, y aun nos rodea como la magia galopante que deja el alma de los poetas muertos. –Soy el Rey Lagarto, puedo hacerlo todo- dijo él, y en efecto hizo música, cine y poesía. El cine lo adoptó a él y a los Doors, el poder de la música vive también en las imágenes, en el celuloide de los sueños salvajes.

Cuando William Blake escribió El matrimonio entre el cielo y el infierno a finales del siglo XVIII, percibía ya la realidad física como el producto de los filtros naturales que la evolución, a través de los sentidos, otorgaba al hombre para asegurar su cordura y el desarrollo de la razón; había que simplificar las variables de un mundo, cuya ecuación era infinita. Casi doscientos años después Aldous Huxley escribía Las puertas de la percepción, donde narraba sus experiencias con la mezcalina,  sustancia activa del peyote. De estos autores se embebió Jim Morrison para dar vida a una banda que abriría las puertas de la percepción, The Doors, más que una puerta, un símbolo, un umbral siempre abierto que se cruza, si te atreves.

Hace cuarenta años que la voz de Morrison viaja infinita, por el espacio y en la radio, en el silencio y en la quietud de la muerte que a tantos inquieta, allí flota su voz, viva y sonora cuando nos abandonan los sentidos, más suave y fuerte en las fronteras del sueño, más allá de aquellas puertas viaja eterna hacia otras puertas más profundas. Fiel a las profecías murió a los veintisiete años, como Jimi Hendrix, Brian Jones y Janis Joplin; un tardío miembro del mismo club, diría –es mejor arder en un instante que apagarse lentamente- Kurt Cobain también murió a los veintisiete. El destino siempre ha sido caprichoso con la música, Morrison nació un ocho de diciembre, fecha desde la que imaginamos un mundo sin John Lennon. De estar vivo, diría que Dios es un humorista refinado de chistes encurtidos.

Si Jim Morrison no  hubiera nacido vocalista de una banda de rock, hubiera sido director de cine. Estudió cinematografía en la Universidad de California (UCLA), no en la misma clase, pero si en el mismo tiempo en que Coppola seguía ahí la misma carrera. Morrison terminó el curso, pero no asistió a su graduación, para ese entonces había perdido total interés por la industria cinematográfica. Me aventuro a decir que hubiera sido un autor difícil, artista de la imagen, poeta de lo prohibido. Prefirió dirigir sus propias películas en la imaginación, a través de una poesía muy visual, simbólica; en los desiertos tormentosos de la mente encontró un estudio de paredes como inacabables llanuras, donde por cámara tenía los ojos de un ave que todo lo ve, y como director el alma ancestral de un chamán reencarnado.



Pastoral Americana

Después del concierto de Miami en 1969, casi en el ocaso de los Doors y con un juicio encima por exposición indecente, entre otros cargos, Morrison decide regresar al cine. Escribe el guión de HWY (highway) American Pastoral, película basada en sus propias experiencias como viajero autoestopista, en la que asumirá el rol principal. Paul Ferrara, fotógrafo oficial de la banda y amigo íntimo  sería el director. El guión que no ha de superar las tres caras está marcado por los símbolos recurrentes en la poesía de Morrison: indios, arena, coyotes y asesinos, desolación. Es la historia de un hombre perdido en el desierto, perturbado, pero no visiblemente, sino por dentro, como un can salvaje, viejo, solitario, herido y loco.

La película podría resultar inquietante para algunos, pero familiar para los que conocen a Jim Morrison. Es un hitchhiker (autoestopista) de largos cabellos y barba, su apariencia y el desierto abrasador del Mojave, evocan a El Topo de Alejandro Jodorowski. El filme transcurre entre largos silencios, de hecho el único personaje parlante es el protagonista, y que no se entienda parlante como muy hablador, sino como que tiene la capacidad de hablar y la usa solo cuando es necesario, unos tres o cuatro diálogos, no más. La banda sonora no escapa al exilio de lo convencional: ritmos tribales, sinfonías del blues al piano, flamenco, Sinatra, Beethoven, y aullidos de animales, mucho ambiental. Si bien Ferrara dirige la cinta, Jim Morrison se interpreta a él mismo y su personalidad abarca todos los aspectos del film.

La dirección se caracteriza por larguísimas tomas abiertas, del desierto, los vecindarios de la costa este, la autopista, la ciudad. El hitchhiker se convertirá en un asesino de carretera, para finalmente confesar su crimen por teléfono a un desconocido (el poeta Michael McClure) –it`s not big deal- dice, y se pierde en la luz artificial de la ciudad, entre las sombras de la noche. Es un mensaje desolador, nihilista y real. Morrison interpreta no a un personaje, sino a una bestia antigua y solitaria, que en todos los hombres habita en los rincones de locura, que acecha en la oscuridad del pensamiento de los más iluminados.

Cierto es que la apreciación es subjetiva, pero el valor de American Pastoral va más allá de la interpretación. Se trata de una película independiente, de las primeras de su género, incluso anterior a Easy Rider (Buscando mi Destino). También es experimental, marcada por las nuevas corrientes del cine europeo, casi una película de autor (Morrison era admirador de Godard, Antonioni, entre otros) y filmada durante la decadencia de los grandes estudios de Hollywood.

Aunque fue exhibida en Cannes (1969) pasó desapercibida, quizá por su apuesta demasiado arriesgada. Hoy solo quedan tres copias oficiales de esta cinta, una en posesión de la familia de Pamela Courson, novia de Jim, otra que pertenece a Paul Ferrara, y una última en manos de Ray Manzarek, tecladista de The Doors. Manzarek la ha prestado para exhibición en repetidas ocasiones, la última de ellas en 2001, en homenaje a los treinta años de la muerte de Jim. En 2009 prestó la cinta al director Tom DiCillo para la producción del documental sobre los Doors When You`re Strange. Actualmente es difícil conseguir un original, sin embargo en internet circula una copia de escasa calidad, que no desmerece la cinta y que por su rareza se ha convertido en un objeto de culto en el mundo virtual. American Pastoral fue único largometraje de Morrison en vida. Paul Ferrara se dedicaría a editar documentales con material de archivo de los Doors, como Feast of Friends (1970), Dance on Fire (1985) y The Soft Parade (1991), no volvió a dirigir una ficción, pero tampoco se alejó del cine; trabajó con Jim jarmuch en Down by Law y con Henry Jaglom en Venice Venice, en ambas como asistente de fotografía.


La película del mito

Veinte años después de la muerte de Jim, Oliver Stone se encargó de revivir la leyenda de la banda en 1991. The Doors fue un ambicioso proyecto, muy personal, que venía preparando con anterioridad. Val Kilmer ganó el papel en 1986, cuando memorizó las letras de varias canciones de los Doors y las interpretó en una audición que, por su calidad y similitud con la voz original, dejaría impresionado al director. El hombre de Platoon (Pelotón) había encontrado al gemelo perdido de Morrison. Sin Kilmer la cinta no hubiera sido lo que es, dado que el actor también profesaba una gran admiración por el músico y poeta americano, al igual que Stone. Ambos lograron más que una química, la mística que exigía un proyecto sobre una banda rebelde y trasgresora.

Si bien el filme podría entenderse casi como un documental acerca de la banda, es más bien una biografía de Jim Morrison, donde su juventud y su muerte marcan el inicio y el fin. La cinta aborda los momentos claves de la historia de The Doors, desde los ensayos en la casa de playa alquilada por Manzarek, la composición de Light my Fire (escena que según Robbie Krieger, guitarrista del grupo, es bastante fiel al hecho), los primeros conciertos en el London Fog y el Whisky a Go Go, el éxito comercial, los grandes conciertos y las tensiones generadas por la conducta violenta y libertina de Morrison, que en aquellos tiempos de crisis se definiría a sí mismo como –un ídolo de barro, una broma de los dioses-.

La cinta es un tour de force, que aborda los temas de la psicodelia, la experimentación con las drogas como el peyote, los ácidos, la cocaína y el alcohol; el desenfreno sexual, la rebeldía, el existencialismo, el aislamiento y la autodestrucción. Es la fotografía de una época, de los excesos de la banda y principalmente de su vocalista. Es imposible, sin embargo, no percibir una cierta falta de profundidad en el papel de Morrison, de la que no podemos culpar a Kilmer, pero que podría atribuirse a un guión que si bien es bueno, pudo ser mejor. La dimensión de Morrison como un ser atormentado y poeta incomprendido queda eclipsada por su alterego “Jimbo”, impredecible y perturbado; la profundidad que podemos observar en su poesía se pierde ante un guión algo pretencioso; que se justifica si entendemos la película no como el retrato de Jim Morrison, el hombre, sino como la estrella de rock.

El mismo Ray Manzarek, quien fuera convocado por Stone para participar en la película, se mostró inconforme con el guión y declinó la invitación. Robbie Krieger y John Densmore (baterista) aceptaron asistir al director como consejeros técnicos. Ambos, al igual que Manzarek, renegarían más tarde de la fidelidad de la película. La cinta no puede entenderse como una biografía real de The Doors, sino como una ficción del mito. Que como pieza cinematográfica es bastante buena, de hecho una de las mejores de Stone, y sin duda la mejor actuación de Val Kilmer (que además interpretó todas las canciones), sin embargo para los entendidos de los Doors, si bien conmueve y emociona, no hace justicia a la banda real, a su significado y trascendencia.

La primera parte del film logra  introducirnos con claridad al Morrison intelectual, lírico y salvaje, que busca explorar la espiritualidad por medio de la introspección en sus viajes lisérgicos y las sesiones de peyote. Sin embargo el tipo perspicaz, simpático y profundo se ve convertido demasiado pronto en un sociópata desenfrenado, víctima de las drogas y el alcohol; Jim Morrison, el artista, es reemplazado por Jimbo, el ebrio peligroso. La desnaturalización del personaje se presenta demasiado pronto, de manera brutal  y exagerada. En una entrevista Manzarek diría –Jim con una botella todo el tiempo, eso es ridículo…no era sobre Jim Morrison, era sobre Jimbo Morrison, el ebrio. ¿Dónde estaba el poeta sensible y gracioso?, el amigo que conocí no era el que aparecía en la pantalla-. Krieger comentó que se habían dejado muchas cosas fuera, pero que en resumen la película estaba bien dirigida. Densmore, en su libro The Doors, señala que Stone le hizo mucho daño a Morrison, el poeta, y que más de la tercera parte no correspondía con la realidad. No obstante, pese a las imprecisiones históricas, se trata de una buena película que, es cierto, no dejará una sonrisa en los fieles más devotos de los Doors, pero que como pieza cinematográfica es admirable en casi toda su extensión.


Fiel a la historia

El formato para hacer una película sobre The Doors era el documental, Tom DiCillo, conocido por películas cómo Living in Oblivion (1995) y Delirious (2006), presentó en el festival de Sundance 2009, When You`re Strange, en veinte años como director de ficción, su primer documental era aclamado por la crítica. No es para menos, se trata de la película definitiva de The Doors, que además reivindica y humaniza al Morrison del mito de Oliver Stone. En la producción estuvieron involucrados los miembros vivos de la banda, además de Paul Ferrara, quien cedió a DiCillo material de archivo de American Pastoral y del corto Dionysus, trabajo universitario que filmó con Jim durante sus estudios en la Universidad de California.

La narración debía estar a la altura. Jhonny Depp, que ha confesado pasión por los Doors, nos cuenta la historia de la banda que ama; además de autenticidad, hay emoción y sentimiento. El trabajo de edición, por otro lado, parece cortado por la pluma de la poesía, la acertada selección de imágenes y su rítmica cadencia nos lleva al pasado a través de los senderos de la música, y aquella realidad parece convertirse en un recuerdo.

Desde el comienzo se percibe una película de calidad, basta con ver la primera toma de aquel sujeto de cabello largo y frondosa barba conduciendo un Mustang GT500 a través del desierto del Mojave, para darse cuenta de que uno está por presenciar un filme de alto calibre. La secuencia es del American Pastoral, Morrison maneja un muscle car, cabello al viento, con una mano en el volante y la otra en una lata de cerveza que raudo se termina; de pronto la radio cromada de aquella hermosa máquina azul empieza a narrar el reporte original de la muerte del piloto –Goodbye Jim, we`ll miss you-, un collage de imágenes de los Doors, al compás de un crescendo como el de A Day in the Life nos introduce de lleno en la cinta, Jhonny Depp empieza a narrar el brillante guión.

Hijo de un comandante de marina, a los dieciséis James Douglas Morrison ya había leído a Nietzsche, Baudelaire, Rimbaud y Blake. La adolescencia es narrada con imágenes prestadas del archivo familiar. Su obsesción por Elvis despierta el gusto por la música y ya empieza a perfilarse como un artista transgresor, pero lo suyo es la poesía. When You`re Strange no solo es la vida del cantante de los Doors, pretende abordar a la banda en su conjunto. DiCillo hurga en la juventud de Ray Manzarek, un organista de cámara con preferencias por el jazz y el rhythm and blues, que estudiaba cine en la misma clase que Morrison. Juntos forman The Doors. Ray convence Robbie Krieger, que tocaba flamenco, de unirse al proyecto y este a Jhon densmore, percusionista experto en jazz contemporáneo. Era la fórmula del éxito, la técnica, el talento, el contexto y un compositor de canciones que más que un chamán, era un poeta.

Material inédito de la banda acompaña los triunfos y las crisis, el frenesí del sexo, las drogas y el alcohol, pero más que eso el director profundiza no en el Morrison de los excesos, sino en la psicología del escritor atormentado y desafiante, en el lado oscuro de un intelectual que aborrece la fama, pero que se ve embriagado por la exposición. Expone al artista enamorado de la soledad, que siente latir las heridas del mundo y que vive la celebridad como un burdo teatro, como una broma del destino que estoicamente ha de soportar. Morrison no se ve como un cantante, describe su voz como -los gritos de un enfermo-. Lo cierto es que pese al despliegue de energía y su afilado carisma, siente el temor de cruzar la delgada línea entre la autenticidad y el circo.

Vemos a un Morrison jovial, bailando con niños, sonriendo a las chicas con inmoral inocencia. La leyenda del autodestructivo dios del rock`n roll queda desmitificada por algo más noble: la realidad del hombre sensible que ama demasiado un mundo que no se puede amar. -Peligroso e inteligente, inocente y profano- ese es Jim Morrison con todos sus egos, como el Rey Lagarto, Jimbo o Mr. Mojo Risin. When You`re Strange tiene el halo que tienen las canciones de The Doors, místicas, universales, inmorales, profundas y bellas. Son la armonía de un caos nacido de un monstruo ancestral que consume conciencias y devora poderes, que viaja entre las puertas de la percepción mordiéndose la cola, es el dios-reptil de la conciencia creadora. 

El concierto de Miami de 1969 fue el principio del fin, los cargos por masturbación simulada, ebriedad pública, blasfemia y exhibicionismo significaron para Morrison el último ataque del sistema con el que tendría que lidiar. Si bien el problema judicial no fue determinante para que Jim se distancie de los Doors, de algún modo fue razón suficiente para decidir su alejamiento de la exposición mediática. En 1971 edita su antología poética American Prayer y ese mismo año aun con el juicio pendiente, viaja con su novia Pamela Courson a Paris donde se dedica a dar largos paseos, a la soledad y la poesía. 

Esta parte final de la vida de Morrison es un logro mayor del documental, un montaje sencillo pero de melancolía apabullante nos lleva hacia el final –una noche después de haber bebido, Jim dice que no se encuentra bien-se da un baño-. Después de llamar a Pam -¿Estás ahí todavía?-Muere en la bañera. Dijo alguna vez –un amigo es alguien que te da total libertad para ser tu mismo- al contrario del amor, la amistad trasciende las fronteras de la muerte, la libertad se extiende más allá de puertas infinitas. Cuarenta años después Jim Morrison fue encontrado inocente de todos los cargos.


Morrison, poeta


Ghost Song

Awake.
shake dreams from your hair
my pretty child, my sweet one.
choose the day and choose the sign of your day
the day's divinity
first thing you see.

A vast radiant beach in a cool jeweled moon
couples naked race down by it's quiet side
and we laugh like soft, mad children
smug in the wooly cotton brains of infancy
the music and voices are all around us.

Choose they croon the ancient ones
the time has come again
choose now, they croon
beneath the moon
beside an ancient lake

Enter again the sweet forest
enter the hot dream
come with us
everything is broken up and dances.

Indians scattered,
on dawn's highway bleeding
ghosts crowd the young child's,
fragile eggshell mind

We have assembled inside,
this ancient and insane theater
to propagate our lust for life,
and flee the swarming wisdom of the streets.

The barns have stormed
the windows kept,
and only one of all the rest
to dance and save us
from the divine mockery of words,
music inflames temperament.

Ooh great creator of being
grant us one more hour,
to perform our art
and perfect our lives.

We need great golden copulations,
when the true kings murderers
are allowed to roam free,
a thousand magicians arise in the land

where are the feast we are promised?


Finalmente, una rareza


Publicado en revista Godard!

viernes, 17 de octubre de 2014

César debe morir


Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín 2012, retorno triunfal de dos directores en más de veinte años, dos hermanos que suman casi dos siglos, nóveles actores presidiarios, y por si fuera poco, Shakespeare. Paolo y Vittorio Taviani (Allonsanfán, Padre Padrone, Kaos), octogenarios veteranos de decenas de película del cine italiano, vuelven para demostrar que la edad no es sinónimo de nostalgia, que se puede vivir casi cien años y asumir compromiso con los problemas de su tiempo. Su última cinta no es evocadora, es más bien, revocadora de latentes y durísimos prejuicios.

“La libertad desenfrenada se castiga con la desventura” decía el bardo inglés en La comedia de las equivocaciones, la razón exige coherencia y mesura, pero la libertad es una fuerza exótica que la traspasa. Las víctimas tienen nombres, aunque sus celdas tengan números y sus camisas también. El alcaide de la prisión de máxima seguridad de Rebibbia en Roma, y el director de una compañía de teatro proponen a los presos la representación de Julio César, ninguno ha actuado antes pero no faltan voluntarios para la audición, el confinamiento es un escape silencioso que espera la oportunidad de gritar.

Mafiosos, traficantes de drogas, asesinos, la mayoría purgando largas o perpetuas condenas, son seleccionados para interpretar la tragedia del general romano, pero son novatos solo en la ficción, antes han sido los protagonistas del hecho real que recrea la cinta. Difícil hacer más delgada la línea entre documental y ficción: los mismos actores, haciendo lo mismo en el mismo lugar, y siendo a la vez diferentes, asumiendo sus personajes, pero conscientes de que también ellos son actores en la trágica comedia social. La claridad del arte es dolorosa donde alumbra a la enajenación de la violencia.

La estética no escapa a la seducción teatral de la obra de Shakespeare, la alternancia entre el blanco y negro y los instantes de color funcionan como el telón que en un parpadeo cambia la escenografía, el humor, los tiempos. No hay más que elementales y escasas posesiones en la cárcel, la economía de recursos cinematográficos es una lección de elegancia, sobriedad y coherencia con la representación. Como lo hiciera Bergman, los Taviani analizan la diferencia entre el arte del cine y el teatro, borrando sus fronteras al punto en que resulta complicado decir cuando los actores están declamando sus papeles o el guion. No hay otro escenario para la ficción que la misma realidad.

Los ensayos son la trama misma de la obra, que sin avisar se va desarrollando con una intensidad que excede los límites de la prisión. No hay actores profesionales, todos son los mismos reos que participaron de la exitosa puesta en escena que sustenta la película. Sobre ellos no hay nada que se ponga en evidencia más que sus crímenes, es a través de los personajes que encarnan que son expuestas sus tribulaciones. Finalmente, es una doble representación donde César, Bruto, Casio y los demás son también prisioneros de Roma, del honor, la libertad y sus ambiciones personales; el mismo dolor y compromiso que asumen los actores; y de pronto los muertos están vivos y los prisioneros libres en una mágica extrapolación del teatro shakespeariano.

La fuerza emocional del filme solo es comparable a su inteligencia, y es que la tragedia de Julio César tiene como eje los mismos problemas políticos, psicológicos y morales de la civilización desde aquellas 23 puñaladas del 44 a.C. la lucha por la libertad opuesta a los medios para conseguirla, defenderla o restringirla, y sobre quien tiene el poder de dispensarla. En este sentido la película es actual, provocadora y artísticamente virtuosa, no solo al atacar las evidentes fallas del sistema penitenciario que deshumaniza en vez de rehabilitar, sino en su crítica sobre los límites del poder, el honor y el sacrificio. Más importante aún, de la reivindicación de la libertad inherente al ser humano y del arte como revelación de esa verdad. En palabras de Cosimo Rega, convicto que interpreta a Casio “Desde que he conocido el arte mi celda se ha convertido en una prisión”.

De aquí nace una interesante objeción moral: el contacto con el arte a través de la obra ha despertado en los reclusos consciencia de una prisión superior a las paredes de su celda material. Sin embargo, no solo hay dolor en la frase de Rega, hay una comprensión implícita de la libertad y una evidente rehabilitación que pone en jaque la cadena perpetua que purga. César debe morir para que otros puedan ser libres y su sacrificio involuntario encierra la paradoja sobre quien está por encima de libertad para dispensarla o protegerla. Queda expuesta la gran contradicción del Estado, pero lejos de las afiladas disquisiciones políticas y morales, está la verdadera libertad que triunfa cuando el hombre rompe sus propias cadenas.


Publicado en revista Godard!