sábado, 18 de octubre de 2014

Las puertas de la percepción


-If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite- (Si las puertas de la percepción fueran abiertas, todo aparecería ante el hombre tal y como es, infinito) con esta frase de William Blake, Jim Morrison dio vida a The Doors una tarde de verano de 1965. El grupo, como todo lo bueno duró poco, pero lo suficiente para consagrarse como una de las bandas más místicas y poderosas de la historia del rock. En 1971, su líder y vocalista, Jim Morrison, cruzó las puertas de la percepción, pero su voz quedó del otro lado del umbral, y aun nos rodea como la magia galopante que deja el alma de los poetas muertos. –Soy el Rey Lagarto, puedo hacerlo todo- dijo él, y en efecto hizo música, cine y poesía. El cine lo adoptó a él y a los Doors, el poder de la música vive también en las imágenes, en el celuloide de los sueños salvajes.

Cuando William Blake escribió El matrimonio entre el cielo y el infierno a finales del siglo XVIII, percibía ya la realidad física como el producto de los filtros naturales que la evolución, a través de los sentidos, otorgaba al hombre para asegurar su cordura y el desarrollo de la razón; había que simplificar las variables de un mundo, cuya ecuación era infinita. Casi doscientos años después Aldous Huxley escribía Las puertas de la percepción, donde narraba sus experiencias con la mezcalina,  sustancia activa del peyote. De estos autores se embebió Jim Morrison para dar vida a una banda que abriría las puertas de la percepción, The Doors, más que una puerta, un símbolo, un umbral siempre abierto que se cruza, si te atreves.

Hace cuarenta años que la voz de Morrison viaja infinita, por el espacio y en la radio, en el silencio y en la quietud de la muerte que a tantos inquieta, allí flota su voz, viva y sonora cuando nos abandonan los sentidos, más suave y fuerte en las fronteras del sueño, más allá de aquellas puertas viaja eterna hacia otras puertas más profundas. Fiel a las profecías murió a los veintisiete años, como Jimi Hendrix, Brian Jones y Janis Joplin; un tardío miembro del mismo club, diría –es mejor arder en un instante que apagarse lentamente- Kurt Cobain también murió a los veintisiete. El destino siempre ha sido caprichoso con la música, Morrison nació un ocho de diciembre, fecha desde la que imaginamos un mundo sin John Lennon. De estar vivo, diría que Dios es un humorista refinado de chistes encurtidos.

Si Jim Morrison no  hubiera nacido vocalista de una banda de rock, hubiera sido director de cine. Estudió cinematografía en la Universidad de California (UCLA), no en la misma clase, pero si en el mismo tiempo en que Coppola seguía ahí la misma carrera. Morrison terminó el curso, pero no asistió a su graduación, para ese entonces había perdido total interés por la industria cinematográfica. Me aventuro a decir que hubiera sido un autor difícil, artista de la imagen, poeta de lo prohibido. Prefirió dirigir sus propias películas en la imaginación, a través de una poesía muy visual, simbólica; en los desiertos tormentosos de la mente encontró un estudio de paredes como inacabables llanuras, donde por cámara tenía los ojos de un ave que todo lo ve, y como director el alma ancestral de un chamán reencarnado.



Pastoral Americana

Después del concierto de Miami en 1969, casi en el ocaso de los Doors y con un juicio encima por exposición indecente, entre otros cargos, Morrison decide regresar al cine. Escribe el guión de HWY (highway) American Pastoral, película basada en sus propias experiencias como viajero autoestopista, en la que asumirá el rol principal. Paul Ferrara, fotógrafo oficial de la banda y amigo íntimo  sería el director. El guión que no ha de superar las tres caras está marcado por los símbolos recurrentes en la poesía de Morrison: indios, arena, coyotes y asesinos, desolación. Es la historia de un hombre perdido en el desierto, perturbado, pero no visiblemente, sino por dentro, como un can salvaje, viejo, solitario, herido y loco.

La película podría resultar inquietante para algunos, pero familiar para los que conocen a Jim Morrison. Es un hitchhiker (autoestopista) de largos cabellos y barba, su apariencia y el desierto abrasador del Mojave, evocan a El Topo de Alejandro Jodorowski. El filme transcurre entre largos silencios, de hecho el único personaje parlante es el protagonista, y que no se entienda parlante como muy hablador, sino como que tiene la capacidad de hablar y la usa solo cuando es necesario, unos tres o cuatro diálogos, no más. La banda sonora no escapa al exilio de lo convencional: ritmos tribales, sinfonías del blues al piano, flamenco, Sinatra, Beethoven, y aullidos de animales, mucho ambiental. Si bien Ferrara dirige la cinta, Jim Morrison se interpreta a él mismo y su personalidad abarca todos los aspectos del film.

La dirección se caracteriza por larguísimas tomas abiertas, del desierto, los vecindarios de la costa este, la autopista, la ciudad. El hitchhiker se convertirá en un asesino de carretera, para finalmente confesar su crimen por teléfono a un desconocido (el poeta Michael McClure) –it`s not big deal- dice, y se pierde en la luz artificial de la ciudad, entre las sombras de la noche. Es un mensaje desolador, nihilista y real. Morrison interpreta no a un personaje, sino a una bestia antigua y solitaria, que en todos los hombres habita en los rincones de locura, que acecha en la oscuridad del pensamiento de los más iluminados.

Cierto es que la apreciación es subjetiva, pero el valor de American Pastoral va más allá de la interpretación. Se trata de una película independiente, de las primeras de su género, incluso anterior a Easy Rider (Buscando mi Destino). También es experimental, marcada por las nuevas corrientes del cine europeo, casi una película de autor (Morrison era admirador de Godard, Antonioni, entre otros) y filmada durante la decadencia de los grandes estudios de Hollywood.

Aunque fue exhibida en Cannes (1969) pasó desapercibida, quizá por su apuesta demasiado arriesgada. Hoy solo quedan tres copias oficiales de esta cinta, una en posesión de la familia de Pamela Courson, novia de Jim, otra que pertenece a Paul Ferrara, y una última en manos de Ray Manzarek, tecladista de The Doors. Manzarek la ha prestado para exhibición en repetidas ocasiones, la última de ellas en 2001, en homenaje a los treinta años de la muerte de Jim. En 2009 prestó la cinta al director Tom DiCillo para la producción del documental sobre los Doors When You`re Strange. Actualmente es difícil conseguir un original, sin embargo en internet circula una copia de escasa calidad, que no desmerece la cinta y que por su rareza se ha convertido en un objeto de culto en el mundo virtual. American Pastoral fue único largometraje de Morrison en vida. Paul Ferrara se dedicaría a editar documentales con material de archivo de los Doors, como Feast of Friends (1970), Dance on Fire (1985) y The Soft Parade (1991), no volvió a dirigir una ficción, pero tampoco se alejó del cine; trabajó con Jim jarmuch en Down by Law y con Henry Jaglom en Venice Venice, en ambas como asistente de fotografía.


La película del mito

Veinte años después de la muerte de Jim, Oliver Stone se encargó de revivir la leyenda de la banda en 1991. The Doors fue un ambicioso proyecto, muy personal, que venía preparando con anterioridad. Val Kilmer ganó el papel en 1986, cuando memorizó las letras de varias canciones de los Doors y las interpretó en una audición que, por su calidad y similitud con la voz original, dejaría impresionado al director. El hombre de Platoon (Pelotón) había encontrado al gemelo perdido de Morrison. Sin Kilmer la cinta no hubiera sido lo que es, dado que el actor también profesaba una gran admiración por el músico y poeta americano, al igual que Stone. Ambos lograron más que una química, la mística que exigía un proyecto sobre una banda rebelde y trasgresora.

Si bien el filme podría entenderse casi como un documental acerca de la banda, es más bien una biografía de Jim Morrison, donde su juventud y su muerte marcan el inicio y el fin. La cinta aborda los momentos claves de la historia de The Doors, desde los ensayos en la casa de playa alquilada por Manzarek, la composición de Light my Fire (escena que según Robbie Krieger, guitarrista del grupo, es bastante fiel al hecho), los primeros conciertos en el London Fog y el Whisky a Go Go, el éxito comercial, los grandes conciertos y las tensiones generadas por la conducta violenta y libertina de Morrison, que en aquellos tiempos de crisis se definiría a sí mismo como –un ídolo de barro, una broma de los dioses-.

La cinta es un tour de force, que aborda los temas de la psicodelia, la experimentación con las drogas como el peyote, los ácidos, la cocaína y el alcohol; el desenfreno sexual, la rebeldía, el existencialismo, el aislamiento y la autodestrucción. Es la fotografía de una época, de los excesos de la banda y principalmente de su vocalista. Es imposible, sin embargo, no percibir una cierta falta de profundidad en el papel de Morrison, de la que no podemos culpar a Kilmer, pero que podría atribuirse a un guión que si bien es bueno, pudo ser mejor. La dimensión de Morrison como un ser atormentado y poeta incomprendido queda eclipsada por su alterego “Jimbo”, impredecible y perturbado; la profundidad que podemos observar en su poesía se pierde ante un guión algo pretencioso; que se justifica si entendemos la película no como el retrato de Jim Morrison, el hombre, sino como la estrella de rock.

El mismo Ray Manzarek, quien fuera convocado por Stone para participar en la película, se mostró inconforme con el guión y declinó la invitación. Robbie Krieger y John Densmore (baterista) aceptaron asistir al director como consejeros técnicos. Ambos, al igual que Manzarek, renegarían más tarde de la fidelidad de la película. La cinta no puede entenderse como una biografía real de The Doors, sino como una ficción del mito. Que como pieza cinematográfica es bastante buena, de hecho una de las mejores de Stone, y sin duda la mejor actuación de Val Kilmer (que además interpretó todas las canciones), sin embargo para los entendidos de los Doors, si bien conmueve y emociona, no hace justicia a la banda real, a su significado y trascendencia.

La primera parte del film logra  introducirnos con claridad al Morrison intelectual, lírico y salvaje, que busca explorar la espiritualidad por medio de la introspección en sus viajes lisérgicos y las sesiones de peyote. Sin embargo el tipo perspicaz, simpático y profundo se ve convertido demasiado pronto en un sociópata desenfrenado, víctima de las drogas y el alcohol; Jim Morrison, el artista, es reemplazado por Jimbo, el ebrio peligroso. La desnaturalización del personaje se presenta demasiado pronto, de manera brutal  y exagerada. En una entrevista Manzarek diría –Jim con una botella todo el tiempo, eso es ridículo…no era sobre Jim Morrison, era sobre Jimbo Morrison, el ebrio. ¿Dónde estaba el poeta sensible y gracioso?, el amigo que conocí no era el que aparecía en la pantalla-. Krieger comentó que se habían dejado muchas cosas fuera, pero que en resumen la película estaba bien dirigida. Densmore, en su libro The Doors, señala que Stone le hizo mucho daño a Morrison, el poeta, y que más de la tercera parte no correspondía con la realidad. No obstante, pese a las imprecisiones históricas, se trata de una buena película que, es cierto, no dejará una sonrisa en los fieles más devotos de los Doors, pero que como pieza cinematográfica es admirable en casi toda su extensión.


Fiel a la historia

El formato para hacer una película sobre The Doors era el documental, Tom DiCillo, conocido por películas cómo Living in Oblivion (1995) y Delirious (2006), presentó en el festival de Sundance 2009, When You`re Strange, en veinte años como director de ficción, su primer documental era aclamado por la crítica. No es para menos, se trata de la película definitiva de The Doors, que además reivindica y humaniza al Morrison del mito de Oliver Stone. En la producción estuvieron involucrados los miembros vivos de la banda, además de Paul Ferrara, quien cedió a DiCillo material de archivo de American Pastoral y del corto Dionysus, trabajo universitario que filmó con Jim durante sus estudios en la Universidad de California.

La narración debía estar a la altura. Jhonny Depp, que ha confesado pasión por los Doors, nos cuenta la historia de la banda que ama; además de autenticidad, hay emoción y sentimiento. El trabajo de edición, por otro lado, parece cortado por la pluma de la poesía, la acertada selección de imágenes y su rítmica cadencia nos lleva al pasado a través de los senderos de la música, y aquella realidad parece convertirse en un recuerdo.

Desde el comienzo se percibe una película de calidad, basta con ver la primera toma de aquel sujeto de cabello largo y frondosa barba conduciendo un Mustang GT500 a través del desierto del Mojave, para darse cuenta de que uno está por presenciar un filme de alto calibre. La secuencia es del American Pastoral, Morrison maneja un muscle car, cabello al viento, con una mano en el volante y la otra en una lata de cerveza que raudo se termina; de pronto la radio cromada de aquella hermosa máquina azul empieza a narrar el reporte original de la muerte del piloto –Goodbye Jim, we`ll miss you-, un collage de imágenes de los Doors, al compás de un crescendo como el de A Day in the Life nos introduce de lleno en la cinta, Jhonny Depp empieza a narrar el brillante guión.

Hijo de un comandante de marina, a los dieciséis James Douglas Morrison ya había leído a Nietzsche, Baudelaire, Rimbaud y Blake. La adolescencia es narrada con imágenes prestadas del archivo familiar. Su obsesción por Elvis despierta el gusto por la música y ya empieza a perfilarse como un artista transgresor, pero lo suyo es la poesía. When You`re Strange no solo es la vida del cantante de los Doors, pretende abordar a la banda en su conjunto. DiCillo hurga en la juventud de Ray Manzarek, un organista de cámara con preferencias por el jazz y el rhythm and blues, que estudiaba cine en la misma clase que Morrison. Juntos forman The Doors. Ray convence Robbie Krieger, que tocaba flamenco, de unirse al proyecto y este a Jhon densmore, percusionista experto en jazz contemporáneo. Era la fórmula del éxito, la técnica, el talento, el contexto y un compositor de canciones que más que un chamán, era un poeta.

Material inédito de la banda acompaña los triunfos y las crisis, el frenesí del sexo, las drogas y el alcohol, pero más que eso el director profundiza no en el Morrison de los excesos, sino en la psicología del escritor atormentado y desafiante, en el lado oscuro de un intelectual que aborrece la fama, pero que se ve embriagado por la exposición. Expone al artista enamorado de la soledad, que siente latir las heridas del mundo y que vive la celebridad como un burdo teatro, como una broma del destino que estoicamente ha de soportar. Morrison no se ve como un cantante, describe su voz como -los gritos de un enfermo-. Lo cierto es que pese al despliegue de energía y su afilado carisma, siente el temor de cruzar la delgada línea entre la autenticidad y el circo.

Vemos a un Morrison jovial, bailando con niños, sonriendo a las chicas con inmoral inocencia. La leyenda del autodestructivo dios del rock`n roll queda desmitificada por algo más noble: la realidad del hombre sensible que ama demasiado un mundo que no se puede amar. -Peligroso e inteligente, inocente y profano- ese es Jim Morrison con todos sus egos, como el Rey Lagarto, Jimbo o Mr. Mojo Risin. When You`re Strange tiene el halo que tienen las canciones de The Doors, místicas, universales, inmorales, profundas y bellas. Son la armonía de un caos nacido de un monstruo ancestral que consume conciencias y devora poderes, que viaja entre las puertas de la percepción mordiéndose la cola, es el dios-reptil de la conciencia creadora. 

El concierto de Miami de 1969 fue el principio del fin, los cargos por masturbación simulada, ebriedad pública, blasfemia y exhibicionismo significaron para Morrison el último ataque del sistema con el que tendría que lidiar. Si bien el problema judicial no fue determinante para que Jim se distancie de los Doors, de algún modo fue razón suficiente para decidir su alejamiento de la exposición mediática. En 1971 edita su antología poética American Prayer y ese mismo año aun con el juicio pendiente, viaja con su novia Pamela Courson a Paris donde se dedica a dar largos paseos, a la soledad y la poesía. 

Esta parte final de la vida de Morrison es un logro mayor del documental, un montaje sencillo pero de melancolía apabullante nos lleva hacia el final –una noche después de haber bebido, Jim dice que no se encuentra bien-se da un baño-. Después de llamar a Pam -¿Estás ahí todavía?-Muere en la bañera. Dijo alguna vez –un amigo es alguien que te da total libertad para ser tu mismo- al contrario del amor, la amistad trasciende las fronteras de la muerte, la libertad se extiende más allá de puertas infinitas. Cuarenta años después Jim Morrison fue encontrado inocente de todos los cargos.


Morrison, poeta


Ghost Song

Awake.
shake dreams from your hair
my pretty child, my sweet one.
choose the day and choose the sign of your day
the day's divinity
first thing you see.

A vast radiant beach in a cool jeweled moon
couples naked race down by it's quiet side
and we laugh like soft, mad children
smug in the wooly cotton brains of infancy
the music and voices are all around us.

Choose they croon the ancient ones
the time has come again
choose now, they croon
beneath the moon
beside an ancient lake

Enter again the sweet forest
enter the hot dream
come with us
everything is broken up and dances.

Indians scattered,
on dawn's highway bleeding
ghosts crowd the young child's,
fragile eggshell mind

We have assembled inside,
this ancient and insane theater
to propagate our lust for life,
and flee the swarming wisdom of the streets.

The barns have stormed
the windows kept,
and only one of all the rest
to dance and save us
from the divine mockery of words,
music inflames temperament.

Ooh great creator of being
grant us one more hour,
to perform our art
and perfect our lives.

We need great golden copulations,
when the true kings murderers
are allowed to roam free,
a thousand magicians arise in the land

where are the feast we are promised?


Finalmente, una rareza


Publicado en revista Godard!

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